Conoce a Diego Urra, estudiante e investigador, cuya trayectoria une la física, la robótica y una profunda atención a las realidades humanas que suelen quedar fuera de los laboratorios. Su trabajo nace menos de una fascinación abstracta por la tecnología y más de la observación directa de cómo las personas interactúan con el mundo físico en condiciones reales. Esa mirada es la que le llevó a cofundar LUPA, una startup de inteligencia física dedicada a enseñar a las máquinas no solo a calcular, sino a comprender e interactuar con su entorno de forma intuitiva y adaptativa.

La idea de LUPA comenzó lejos de los simuladores y los modelos teóricos. Diego pasó tiempo hablando con trabajadores agrícolas, observando sus manos, sus gestos y las pequeñas adaptaciones que desarrollan para no dañar el fruto, proteger su cuerpo y mantener el ritmo de trabajo durante largas jornadas. En esos entornos entendió que gran parte de la inteligencia humana no está escrita ni verbalizada, sino almacenada en el movimiento, la presión y el tacto. Esa comprensión fue el punto de partida de su investigación.

En el núcleo del proyecto se encuentra el desarrollo de modelos que aprenden a partir de datos visuo-hápticos, combinando lo que los robots ven con lo que sienten. A través de guantes instrumentados y sistemas de visión especializados, el equipo captura información sobre presión, fuerza, par de torsión, textura y posición espacial. Para Diego, estos datos no son simples variables técnicas, sino una forma de traducir la experiencia física de las personas en conocimiento que las máquinas puedan aprender y respetar.

Este enfoque, al que Diego se refiere como inteligencia física, va más allá de la simulación y la programación tradicional. En lugar de imponer reglas rígidas, los robots aprenden mediante la interacción directa con el entorno, desarrollando una comprensión integrada de cómo actuar en contextos irregulares, cambiantes y profundamente humanos.

A partir de esta experiencia en el campo, Diego comprendió que el verdadero reto no era construir una única máquina eficiente, sino permitir que la destreza aprendida pudiera transferirse entre distintos sistemas. Por ello, el equipo desarrolla una arquitectura de captura y aprendizaje independiente del hardware, basada en diferentes variantes de guantes con múltiples grados de libertad y tecnologías de sensado. Esta estrategia permite que la inteligencia aprendida a partir de personas reales pueda viajar entre diferentes diseños de manos robóticas y adaptarse con el tiempo.

Su enfoque inicial se centra en la agricultura, uno de los sectores más dependientes de la mano de obra manual. En España, una parte significativa del coste de la fruta proviene del trabajo temporal, marcado por la rotación, la fatiga y la incertidumbre. Tras escuchar a los trabajadores y observar las condiciones reales del campo, Diego concibe la robótica no como una sustitución, sino como una herramienta para aliviar un tipo de trabajo físicamente exigente y muchas veces insostenible, estabilizando la producción y reduciendo ineficiencias.

El primer socio de recolección de datos, Agromartín, proporciona entornos reales para el perfeccionamiento de los modelos. Otros socios industriales están preparados para equipar a trabajadores con sistemas de captura multimodal, lo que permitirá recopilar datos en condiciones auténticas de uso.

Cada movimiento registrado refleja decisiones humanas tomadas en tiempo real, y cada ajuste sensorial ayuda a que los sistemas aprendan a operar con mayor sensibilidad y autonomía.Con el tiempo, esta base tecnológica podría extenderse a sectores como la manufactura, la logística o la salud. Sin embargo, el núcleo del proyecto sigue siendo su filosofía de democratización. Diego cree que la inteligencia física no debe concentrarse en unas pocas corporaciones, sino construirse como una infraestructura abierta e interoperable que refleje el conocimiento colectivo de las personas que interactúan diariamente con el mundo físico.

En palabras de Diego:

“No estamos construyendo máquinas para que hagan lo que los humanos pueden hacer. Les estamos enseñando a manejar el mundo físico para que los humanos podamos concentrarnos en lo que solo nosotros podemos hacer, pensar, imaginar, crear y llegar más lejos”.

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