La seguridad y calidad alimentaria

La calidad de la industria alimentaria es uno de los puntos más importantes para asegurar la máxima seguridad en todos los productos, además de una responsabilidad compartida.

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La industria alimentaria no debe ni puede asumir toda la responsabilidad de la calidad y la higiene de los productos, sino que debe ser compartida por cada uno de los participantes en la compleja cadena, desde los productores y elaboradores, hasta los encargados del transporte y distribución, sin olvidar a los propios consumidores.
Para garantizar la mayor calidad en la industria alimentaria, es decir que los productos lleguen a las manos de los consumidores en buen estado y frescos se han de pasar varias fases. La primera de ellas consiste en la eliminación de los microorganismos presentes en todos los alimentos, evitando su multiplicación y propagación. De esta manera, el riesgo de intoxicación se suprime.
En este sentido, la preparación industrial previene la putrefacción que podría darse en los alimentos, puesto que se desactivan las enzimas y se detiene la oxidación. Si este procedimiento no tuviera lugar, las enzimas seguirían actuando sin detenerse sobre los productos.
Los métodos más habituales para mejorar la seguridad y la calidad en la fabricación de alimentos es el tratamiento por calor, la pasteurización y la esterilización. Existen otros procedimientos que utilizan el frío, como por ejemplo la refrigeración y la congelación, que en vez de eliminar las enzimas, lo que provocan es una ralentización de sus efectos nocivos.
También es muy habitual utilizar la deshidratación de los alimentos, eliminando el agua tan necesaria para los microorganismos para multiplicarse. En esta misma línea, los aditivos que a veces se añaden a los productos cumplen una función muy importante durante su proceso de preparación y conservación.
Para que un fabricante se asegure que la preparación industrial ha otorgado a los alimentos la calidad e higiene buscadas, existen unos procedimientos modernos que permiten el control total. Las prácticas de elaboración modernas garantizan una calidad e higiene constantes. Además, también se han de cumplir todas las normas de control de calidad de la ISO (Organización Internacional de Normalización).
Pero no podemos olvidar que la calidad de los alimentos depende también de las materias primas, de su transporte, almacenamiento o la forma en que se acondicione en el punto de venta. Es por ello que todos los sujetos deben actuar en una misma dirección para garantizar el mejor de los productos, desde los mayoristas hasta los distribuidores, pasando por proveedores o transportistas.



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